miércoles, 18 de marzo de 2015

Se esculpe la vida

Se esculpe el tiempo y las manchas
las asoleadas pesadumbres del delirio
el pájaro de cristal en lo alto de la copa
y la golondrina en su refugio olvidado.

Se esculpe la roca y se esculpe el martillo
la mano en la tierra pariendo la vida
una mirada que va embarazando el horizonte
antes la cara de un ángel muerto en la catedral.

Se esculpen juntas la niebla y la claridad invasora
el olor de la madera en los rincones del tiempo
la cantera, la vejez con sus manos de encanto
las sombras, los silencios, las pausas del polvo.

Se esculpe la duda, la rutina, el miedo
se deforma el mármol, el bronce, la historia
salpica el error del avance un chispa defectuosa
y entra un vivo calor en una mañana de hielo.

Se esculpe el vicio y la lentitud del día
la admiración breve por la belleza expuesta
 se rancian en torno un escupitajo, la compostura,
la arruga, el detalle y hasta la forma del viento.

Se endurece una lumbre sobre la frente,
se esculpe un ápice atrevido de sonrisa naciente
se mezclan el abrir de unos ojos que se abren,

una mente escultora y un cincel en la palabra.

Escampa

Escampe inminente en el ramaje de la oscuridad
Que se precipita sobre mi manos inerme
Y se encajan en el remanso de la humedad

Nace el murmullo de una noche de noviembre.

Hay un silencio todavía

Así que, hermano,
aquí donde te encuentro es.

Aquí a donde llegan las noches más oscuras
y las tardes se mueren, una sobre otra
y queda sólo el vapor de los gritos.

Es aquí el contrapunto
de tu deriva eterna, de tu lucha,
de tu forma de amar la vida.

Es aquí donde la sangre se filtra
franquea la dureza de las piedras
hasta las raíces de estos árboles
testigos que no han callado
desde aquella tarde
y que estuvieron contigo
hasta lo último
cuando todo vino abajo
y conocimos viejamente
el dolor y la vergüenza
de vernos humillados,
indefensos, desangrados.

Cuando a la porquería se le llamó justicia
cuando este suelo retumbó de miedo
cuando esa luna lloró dormida
cuando el silencio se hizo adulto
y ni una ave se tentó con tu cuerpo.

Este sitio guarda aquéllos temblores,
en cada una de sus pesadas baldosas
no el de mi rabia, o el de la historia
sino de aquél denominado orden
degenerado orden, absurdo, tiránico
y esa lastimera orden del empoderado.

Aquí se respira dolor, tristeza
y se guarda en silencio la muerte
en las piedras erigidas por los de antes
y de aquellos violadores.

Ahora ni la sombra tiene
un centímetro más para extenderse
todo lo ocupa el dolor y el recuerdo
el sonido imperioso del progreso
No fulmina los pasos presurosos
y el viento no es capaz de cargar consigo
una lágrima, tan sólo una, que se ancle
aquí donde tú yaces, junto al recuerdo
junto a la infamia, junto a mí,

junto a la palabra Tlatelolco.

Flor

Polen comienzo luz
caída tierra brizna
lengua sustancia forma
materia semilla tiempo
brisa mar trueno
nube soledad sol
germen hierba humedad
palabra agua frío
calma hoja memoria.


Flor.

Incertidumbre

El final, llegada de lo no sospechado
la creación de lo no imaginado.

Tiempo, final, presencia de algo.

Tehuacán

Detrás de la luz van los ojos.
Transparencia reina del verde,
calcáreo atardecer tehuacano

seca elevación del espíritu.

Deomorfismo

Valle, congregación de sendero
De paisajes.

Nubes apresuradas, luz ubicua
Piedra sobre sangre sobre piedra

Intemporalidad de los silencios
Horizonte, moribunda creación.

Corazón de tu fuerza contemplativa

Forma y sombra
Aviso de la inmortalidad

Furtiva inanidad creciente
Inmensidad del aire

Cima pétrea de tu esencia
Seno de la sublimación

Cuerpo del cielo, ascensión
A la sangre de la piedra

Pérdida de la materia

Última inhalación.