Se esculpe el tiempo y las manchas
las asoleadas pesadumbres del delirio
el pájaro de cristal en lo alto de la copa
y la golondrina en su refugio olvidado.
Se esculpe la roca y se esculpe el martillo
la mano en la tierra pariendo la vida
una mirada que va embarazando el horizonte
antes la cara de un ángel muerto en la catedral.
Se esculpen juntas la niebla y la claridad invasora
el olor de la madera en los rincones del tiempo
la cantera, la vejez con sus manos de encanto
las sombras, los silencios, las pausas del polvo.
Se esculpe la duda, la rutina, el miedo
se deforma el mármol, el bronce, la historia
salpica el error del avance un chispa defectuosa
y entra un vivo calor en una mañana de hielo.
Se esculpe el vicio y la lentitud del día
la admiración breve por la belleza expuesta
se rancian en torno un
escupitajo, la compostura,
la arruga, el detalle y hasta la forma del viento.
Se endurece una lumbre sobre la frente,
se esculpe un ápice atrevido de sonrisa naciente
se mezclan el abrir de unos ojos que se abren,
una mente escultora y un cincel en la palabra.